El amor y la sanación


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Hemos escuchado que la enfermedad es el resultado de nuestras emociones y muchas veces nos quedamos solo con esta opinión. Es verdad que existen circunstancias en las cuales la enfermedad es producto de las emociones que sentimos y que no hemos podido procesar de forma correcta. Pero existen otras razones para que esto suceda.


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La enfermedad es el resultado de la falta de energía circulando por una o varias zonas del cuerpo. Cuando esto sucede la red que mantiene al cuerpo en funcionamiento se deteriora, afectando de esta forma una zona específica que al estar en desequilibrio, afecta otras zonas.



Esta falta de energía puede ser producida por la agresividad. No como una reacción violenta hacia otra persona sino como nuestra falta de sensibilidad para escucharnos a nosotros mismos, cuando dejamos de seguir a nuestro sistema de guía emocional. Esta agresividad toca nuestro cuerpo emocional que finalmente afecta nuestro cuerpo produciendo como resultado la enfermedad.



Pero esta no es la única manera en que es tocado nuestro cuerpo emocional y por tanto nuestro cuerpo físico. El simple hecho de ser seres humanos, nos lleva a convivir con otros. En medio de esa convivencia estamos constantemente dando y recibiendo. A través de ese intercambio constante se producen las enfermedades, así que no siempre debemos atribuir la enfermedad a algo que pensé y sentí como se ha vuelto tan común.



Por otra parte, dentro de nuestro proceso evolutivo, en ocasiones es necesario aprender a través de la enfermedad, es cuando crecemos a través del sufrimiento o del discernimiento. Podemos ver a la enfermedad como un amigo que nos enseña algo o podemos seguir sufriendo y repitiendo la misma situación una y otra vez.



La enfermedad es una forma también es la forma que tiene nuestro cuerpo de decir que cambiemos de hábitos que están afectándonos.


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El amor más allá de la idea que hemos aprendido a través de la televisión, es una energía que cuenta con tres características: Ordenante, coherente y armónica. Gracias a estas tres características, el amor permite la organización de nuestras células de una forma ordenada, coherente y armónica.



El amor es una energía inteligente que vibra a 850 Mhz y que permite la sanación de los órganos. Necesitamos aprender que en la enfermedad debemos quitar cosas que nos sobran para poder llegar al amor. Donde hay amor no puede haber caos. Cuando estamos en presencia del amor no existe la discordia, ni los problemas. Cuando hay amor, hay inofensividad, no hay nada que ataque al cuerpo emocional, por tanto no hay nada que enferme a nuestro cuerpo físico.



Pero para que exista la verdadera sanación además del amor, necesitamos que haya ciencia. Aprender a conocer cómo funciona nuestro cuerpo, pasar del intelecto al discernimiento, entender cómo funciona nuestra energía vital.



Para lograr esta comprensión, debemos trabajar en grupo. Cuando el hombre trabaja en grupo da lo mejor de si y aprende a cambiar a través del otro. Al trabajar con otros aprendemos a armonizarnos en medio del caos y si queremos sanarnos o sanar a alguien más, la primera persona que se debe armonizar es quien va a sanar. Al estar armonizados aparece la inofensividad, somos más receptivos a la información que otros nos dan y por tanto podemos hacer un mejor trabajo para sanar la enfermedad.



La inofensividad se pierde porque solo hay emoción que se va estancando y como resultado produce la enfermedad. La sanación se logra con la trascendencia de la emoción y una mente brillante. Para lograr que se produzcan ideas brillantes es necesario trabajar los pensamientos, realizar estudios, debates, buscar ideas nuevas, que nos lleven a un nivel científico del conocimiento de nuestro ser.



Sanar es tomar la energía del amor y usarla científicamente para trasmutar la enfermedad, es permitir que el cuerpo lleve sus funciones normales mas allá de la enfermedad. Es permitir el flujo de la energía vital que ha sido obstaculizada.



Redactora
JP Ben-Avid

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